CUANTO AMOR
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Y SI UN DIA AL
DESPERTAR SIGUE LA NOCHE Letra y música: Virginia
Pina |
PRESENTACIÓN
Todos hemos tenido días oscuros en los que parece que nuestra fe no es
suficiente como para superar las dificultades que el día a día nos trae. Son
pequeños retos, pequeños pasos que estamos llamados a dar para madurar en
nuestra fe de niños y hacernos adultos. Si nos dejamos guiar por sus palabras ,
y por el amor que a través de las personas nos regala, encontraremos el calor
que quitará nuestro tiritar, la luz que nos mostrará el camino, la voz que
calmará nuestra ansiedad. En definitiva, podremos nacer a una nueva vida, nacer
de nuevo, hacer que cada día sea nuevo y decubrir la belleza de su amor.
TEXTOS BÍBLICOS
Jn 3, 1-8
Entrevista con Nicodemo.
1 Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. 2 Fue
éste a Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como
maestro, porque nadie puede realizar los signos que tú realizas si Dios no está
con él.» 3 Jesús le respondió:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevono puede ver el Reino de
Dios.»
4 Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar
otra vez en el seno de su madre y nacer?» 5 Respondió Jesús: «En verdad, en
verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el
Reino de Dios. 6 Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es
espíritu. 7 No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de nuevo 8 El
viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a
dónde va.Así es todo el que nace del Espíritu.»
TEXTOS PARA LA REFLEXIÓN
AUSENTES
Según antiguas tradiciones tibetanas, Dios viene
muchas veces a visitarnos a cada uno, pero se
marcha porque sencillamente no nos encuentra.
No estamos en casa. Es decir, que no estamos
donde estamos. Que estamos presentes, sí,
corporalmente, físicamente donde está en aquel
momento nuestro cuerpo externo, pero que
nuestra mente, nuestra alma, nuestra conciencia
están lejos, están dispersas, están perdidas sin
saber dónde están. Dios llama a la puerta, pero
no hay nadie en casa. Nadie contesta. Se pone
ante nuestros ojos, pero no le vemos. Habla a
nuestro interior, pero no le escuchamos. No
estamos en casa. Estamos ausentes de noso-tros mismos.
Ésa es nuestra dolencia.
Una visita de cortesía no es un encuentro de
conciencias. Un apretón de manos puede ser un
mero frotar de piel. Y con frecuencia estamos
fuera de nuestra piel. Dios no nos encuentra
porque nosotros no nos hemos encontrado a
nosotros mismos.
Ése es el secreto del recogimiento, la contem-plación,
la unión: estar en casa cuando Dios
llama.